Análisis
Elecciones presidenciales de Perú
Elecciones presidenciales de Perú
Todas las fuerzas políticas se unen para lograr vencer a los fujimoristas. La débil democracia peruana se salva en el descuento
Por fin tenemos nuevo presidente en Perú. Ha costado 2 elecciones y que pasen casi 5 días desde el cierre de urnas. Pero ya está confirmado. Pedro Pablo Kucynski será el nuevo presidente.
Keiko Fujimori lo volvió a intentar. Al igual que en 2011, la hija del dictador encarcelado que atormentó al país durante los 90 se presentó a la contienda, llegó a la segunda vuelta y se quedó a las puertas.
Recapitulemos. En Perú se elige directamente al presidente cada 5 años, al mismo tiempo que al Parlamento. Si ninguno de los candidatos presidenciales llega al 50% de los votos, se celebra una segunda vuelta. Hasta aquí la teoría. La práctica de las elecciones en Perú es mucho más particular.
Para empezar, el partido en el poder (el Partido Nacionalista) no presentó candidato. La baja popularidad del presidente socialdemócrata Ollanta Humala (debido sobre todo al escaso alcance de sus reformas económicas, el aumento de la delincuencia y sus sucesivas crisis de gobierno) les llevó a guardarse de un batacazo electoral. Pero como esta explicación no quedaba muy bien de cara al público, adujeron una razón de lo más curiosa: que no confiaban en la transparencia del proceso. Algo que bien podría tener sentido de cualquier otro que no fuera ¡el propio partido del gobierno!
Otra manifiesta irregularidad ha sido la no admisión de los candidatos Acuña y Guzmán por incumplimientos legales en sus candidaturas. Si bien dichos errores pudieron existir, llama la atención que la junta electoral no tomase estas decisiones hasta apenas un mes antes de las elecciones.
Por si fuera poco, uno de los candidatos ha estado preso en la cárcel durante todas las elecciones. Se trata del izquierdista Gregorio Santos, un famoso activista minero que ha sido acusado de varias corruptelas y delitos de cohecho.
Pero sin duda lo que más destaca es la presencia de la hija del gran dictador peruano de los 90 entre los candidatos. Alberto Fujimori durante sus 10 años de gobierno hizo todo lo posible para cargarse la democracia peruana. Abusos de poder, cerró el parlamento con un autogolpe de estado, persecuciones a la prensa, compra de votos, y un largo etc.
Finalmente acabó huyendo a Japón en el año 2000. En 2007 acabó siendo extraditado a Perú y desde 2009 cumple 25 años de prisión.
Durante toda la campaña su hija Keiko Fujimori ha asegurado que no repetirá los abusos antidemocráticos de su padre. Si bien, sería un error juzgar a un hija por las acciones de su padre, lo que es indiscutible es que muchos de los ministros y socios del gobierno de Alberto siguen vinculados al partido Fuerza Popular de Keiko. Por tanto, la credibilidad objetiva acerca de las garantías democráticas de esta gente resulta, en mi opinión, casi nula.
No obstante, en Perú hay numerosos defensores del fujimorismo entre su población. Son muchos los que añoran la mano dura del gobierno. Los éxitos que logró en la lucha contra la organización terrorista Sendero Luminoso son incuestionables, aunque a menudo se valiera de métodos no muy legítimos y poco respetuosos de los Derechos Humanos.
También son bien recordados sus regalos. Alberto Fujimori hacia gala de una política muy populista, basada en regalar ocasionalmente lavadoras, neveras o similiares a pobres. Dichos regalos apenas solucionaban la vida de los peruanos, pero hacían aumentar su popularidad de presidente generoso. No era capaz de generar empleo ni mejorar la economía, pero aún así quedaba bien. Todo lo contrario del actual presidente Humala, quien si ha logrado buenas cifras macroeconómicas pero apenas han repercutido en la población.
En este escenario de descontento general, la victoria de Keiko Fujimori en primera vuelta se daba por descontada, pero las encuestas la situaban lejos del 50% de los votos necesarios para declararse nueva presidenta.
La gran pregunta radicaba entonces en quien iba a ser el candidato que iba a desafiar al fujimorismo en la segunda ronda. Los 2 favoritos eran el candidato de centro-derecha Pedro Pablo Kuczynski (conocido popularmente como PPK, abreviatura también de su coalición Peruanos por el Kambio) y la izquierdista Veronika Mendoza.
En una sociedad tan conservadora como la peruana, pocos podían esperar que un candidato del Frente Amplio (cercano a la izquierda radical) tuviera posibilidades de llegar a segunda vuelta. Pero la carismática Veronika consiguió calar en multitud sectores de la clase baja de la sociedad, sobre todo en el sur, de donde ella es originaria.
Y realmente estuvo a punto de lograrlo. Apenas 2 puntos la separaron de PPK. Quizás si el candidato preso Santos no se hubiese presentado lo habría conseguido. El encarcelado ganó en su propia región de Cajamarca, pero apenas tuvo apoyos en el resto del país. Quien sabe si con los votos de Cajamarca Verónika habría superado a PPK.

No obstante, Perú es un país donde muchos relacionan la izquierda radical con la violencia, debido a la acción terrorista de Sendero Luminoso. Por ello, se antoja difícil que una candidata como Mendoza hubiese logrado vencer a Keiko Fujimori.
En cualquier caso, la primera vuelta del 10 de abril dejó a Fujimori y Kuczynski como únicos candidatos. PPK tenía una dura papeleta por delante, ya que debía de remontar nada menos que 19 puntos a su rival para alcanzar la presidencia.
La segunda campaña electoral estuvo marcada por la actitud de los candidatos excluidos. Mientras casi todos como Barnechea o Toledo tuvieron pocas dudas en pedir el voto para PPK en defensa de la democracia, Verónika Mendoza no lo tuvo tan claro a la hora de apoyar a un candidato banquero derechista. Una actitud sin duda políticamente poco responsable, pero que fue capaz de rectificar a tiempo y ayudó a mejorar la imagen de PPK entre las clases bajas y en el sur del país.
Ayudó también el hecho de que se averiguaran por la prensa ciertos vínculos de algunos importantes miembros fujimoristas con las mafias del narcotráfico. Precisamente uno de los grandes puntos fuertes de Keiko era el recuerdo de la mano dura de su padre contra la delincuencia. A pesar de que ella no había sido capaz de decir muy claramente como pensaba acabar con los índices de crimen, se esperaba que los fujimoristas atajaran el problema. Luego de saber lo del narco, su credibilidad quedó aún más en entredicho.
También influyó el último debate presidencial televisado. Kuczynski no es precisamente el político más carismático del país, pero a la hora de dialogar demostró sus mayores dotes políticas propias de toda una vida dedicada al servicio público en comparación con la mucho más inexperta Keiko.
Así las cosas, el día de la votación se vivió un conteo más apretado imposible. El pie de urna daba como ganador a Kuczynski por apenas un 50'5%. Conforme fue avanzando (muy lentamente) el recuento oficial, la diferencia se vio todavía más reducida.
Recuento de segunda al 36% escrutado, 5 de junio
Recuento al 100%, 9 de junio
Con semejante lentitud, el organismo electoral peruano ha tenido en vilo durante días a todo el país. Al 99% escrutado la diferencia entre ambos candidatos era aún demasiado pequeña como para declarar un ganador. Los rumores de fraude fujimorista se dispararon. El propio PPK llamó a sus apoderados a vigilar cada voto, a modo de advertencia.
Finalmente, el final fue feliz para la democracia. Alberto Fujimori seguirá en la cárcel y sus socios fuera del gobierno.
Fue sin duda clave el volteo de Lima. En primera vuelta Keiko arrasó en la capital peruana, pero en esta ocasión PPK logró imponerse. Así, pudo compensar el triunfo del fujimorismo en las zonas más rurales y menos alfabetizadas.
Pero aunque haya salvado este match-ball, la débil democracia peruana aún tiene muchos desafíos por delante. Los fujimoristas tienen mayoría en el Congreso, donde ni la unión de todas las fuerzas pueden vencerles. Por tanto, nada asegura que no traten de desestabilizar y provocar crisis gubernamentales desde la asamblea hacia el gobierno de PPK, como ya hicieran con el anterior ejecutivo de Humala.
La pujante candidata del Frente Amplio Verónika Mendoza también ha prometido realizar un férrea oposición al gobierno, a pesar de darle su apoyo en las presidenciales. Aunque ha rechazado que se la vincule con los chavistas venezolanos en algunas entrevistas, su discurso recuerda en ocasiones al del PSUV venezolano y es una incógnita si en el futuro mantendrá una actitud más moderada o radical.
De momento, lo único que parece claro es que por apenas 40.000 votos la democracia peruana se salvó y continúa adelante.
De momento, lo único que parece claro es que por apenas 40.000 votos la democracia peruana se salvó y continúa adelante.








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