Primarias republicanas presidenciales de Estados Unidos
Las primarias más surrealistas que se recuerdan nos dejan a un candidato todavía más surrealista, Donald Trump

La eterna devoción de los americanos por dar siempre el máximo espectáculo también se percibe en la política. Sin duda, éstas han sido las primarias más llamativas en muchos años, si bien casi siempre ha sido en el sentido más negativo.
Para empezar, quiero atreverme a intentar explicar como funciona el proceso de primarias presidenciales en EEUU. Es todo un reto, pues según algunas encuestas más del 90% de los americanos admiten no entender la manera de la que los Partidos Demócrata y Republicano eligen a sus candidatos presidenciales. Y es que el sistema se las trae.
Ambos partidos organizan una super convención unos meses antes de las elecciones. En el caso de los republicanos, acudirán 2.742 delegados. En el de los demócratas, serán 4.764. Cada candidato a presidente presenta listas de candidatos a delegados en todos los estados del país. A lo largo de 5 meses los 2 partidos van celebrando las primarias en los 50 estados (más Puerto Rico).
Pero ¿cómo se eligen estos delegados? ¿cuántos hay por estado? Aquí empieza el lío. La ley americana no regula esto, así que cada partido decide el número de delegados que pone por estado.
En algunos lugares se realizan elecciones al uso, y en otros se organizan asambleas de vecinos (llamadas caucus) donde los presentes debaten y luego se vota. Así mismo pueden ser abiertas (todos los ciudadanos votan), cerradas (solo los afiliados de cada partido) o mixtas (afiliados y simpatizantes).
Incluso también varía el sistema electoral. Mientras que en el caso de los demócratas siempre es proporcional, los republicanos lo embolican todo un poco más si cabe con estados donde el que gana se lleva todos los delegados, otros proporcionales y algunos donde depende de los porcentajes. En definitiva, un lío padre.
Pero vamos ya al meollo de la cuestión, lo que ha pasado en estas primarias. Empecemos por los republicanos, porque creo que lo ocurrido este año va a ser estudiado durante los próximos siglos.
Como les viene sucediendo los últimos años, el Partido Republicano acudió a estas primarias con la intención de evitar que el Tea Party se hiciera con el control del partido. Hasta ahora, lo habían conseguido con McCain y Romney. Este año la intención era presentar como habitualmente un candidato moderado (John Kasich, gobernador de Ohio) y otro conservador (Jeb Bush) que derrotasen al del TP (Ted Cruz, senador de Texas) y luego se lo jugasen entre ellos 2.
Ya desde el principio este plan sufrió fisuras. El partido pronto se dio cuenta que los americanos empiezan a estar hartos de las familias políticas, y de los Bush en particular. Luego de tragar con George padre y George hijo, el hermano de este último fue acogido con gran rechazo popular. Jeb se retiró pronto y el partido se apresuró a buscarle un sustituto representante del ala más conservadora de los republicanos. Así apareció en escena el latino Marco Rubio, senador de Florida.
Pero había algo más con lo que no contaban y acabó desbaratándoles todos los planes. Fue la llegada de un meteorito llamado Donald Trump. Un hombre sin ninguna experiencia política que se sacó el carnet del partido solo para presentarse a presidente. Nadie en Washington le apoyaba, pero como es multimillonario no le importó, y él mismo se pagó una macro campaña publicitaria.
Conocido ya entre el gran público por sus apariciones en varios realities y programas basura de la televisión americana, Trump inició una estrategia destinada a llamar la atención a toda costa. Comenzó con un fuerte discurso racista, tratando a los latinos (especialmente a los mexicanos) de ladrones y prometiendo construir un muro en la frontera para detenerlos. También aseguró prohibir la entrada de musulmanes en el país, en aras de la seguridad nacional.
Se diferenció rápidamente de todos sus rivales (algunos muy conservadores, pero todos de excelentes formas políticas). Empezó a insultar al resto de los candidatos. Convirtió los debates republicanos en sucesiones de gritos, cuyo único propósito era que no se hablase de política para así ocultar su evidente menos preparación. Llegó incluso al insulto. Se burló constantemente del orígenes o de la forma de hablar de Rubio y Cruz. Incluso se atrevió a llamar fea a la mujer del senador texano.
Básicamente hizo todo lo que no hay que hacer según los manuales. Y ahí radicó su encanto. El electorado republicano vio en él algo diferente. Hartos de la política de siempre, Donald Trump se vendía como un rebelde, alguien que se atrevía a desafiar al partido y al establishment. Esto es todo un contrasentido, pues se trata de una de las personas más ricas del país. Pero incluso este hecho lo convirtió en virtud, ya que vendía su riqueza como garantía de éxito de cara a gobernar el país (aunque hay ciertas sospechas de que su fortuna es heredada y él no ha hecho sino que dilapidar gran parte de ella).
En definitiva, con esta surrealista careta de antisistema populista, Donald Trump comenzó a ganar las primeras primarias. El Partido Republicano se echó a temblar. No es el primer "candidato friki" al que se han tenido que enfrentar, pero esta vez no podían aislarle ni cortarle el grifo, ya que tenía dinero de sobra para seguir.
Trump ganó casi todos los primeros estados, pero por estrecho margen:
El Partido Republicano se aferraba a las matemáticas: Trump no llega nunca al 50%. Si el resto de candidatos se unen, el multimillonario perderá la convención.
De este modo Cruz, Rubio y Kasich se lanzaron en una carrera personal por ser el líder del "frente anti-Trump". El senador texano pronto cogió la delantera por esta estratégica segunda posición. Rubio se acabó retirando luego de perder en Florida (su propio estado). Kasich (seguramente el más valido de los 4, pero muy blando en los debates y la campaña) se fue descolgando. Todo apuntaba a que el elegido debía ser Ted Cruz.
De nuevo el comité central del PR se encontraba en una encrucijada. La situación se les había escapado de las manos hasta tal punto que su única alternativa al esperpéntico Trump era el esbirro del Tea Party.
Buena parte del partido se negó de hecho a apoyar a Ted Cruz. Tantos años luchando contra el dominio de este poderoso y ultraconservador grupo de presión empresarial, no podían ser tirados por la borda. Además no solo aborrecían al Tea Party sino especialmente al propio Ted, quien se ganó durante años muchos enemigos en el Senado por sus habituales duras críticas a sus propios compañeros republicanos por ser demasiado blandos con Obama y su política "socialista".
En realidad, Cruz en muchos temas es incluso más conservador que Trump. Su gran caballo de batalla siempre fue la reforma sanitaria de Obama, la cual consideraba un ataque hacia el sector privado. También es un gran negacionista del cambio climático, así como férreo defensor de la flexibilidad laboral y la pena de muerte.
El texano esperaba captar los votos de Rubio, pero no lo hizo. Quizás debió moderar su discurso. Era su momento, y lo desaprovechó. Cometió varios errores de campaña que le lastraron, especialmente en el debate previo a las primarias de Nueva York, donde no se le ocurrió otra cosa que achacar al neoyorquino Trump de estar contaminado por los "valores progres de su ciudad".
Como era de esperar, la "Gran Manzana" le respondió con un enorme batacazo electoral. A partir de ahí, Trump ya empezó a ganar las sucesivas primarias por más del 50% de los votos y la cifra mágica de 1.237 (la mitad de los delegados de la convención mas 1) estaba cada vez más cerca para él.
A la desesperada, Cruz y Kasich firmaron un pacto de no agresión de cara a las primarias de Indiana, West Virginia y Nebraska de primeros de mayo. El que fuera por debajo en las encuestas en cada uno de estos estados no hizo campaña allí para no perjudicar al otro.
Pero este avergonzante pacto no dio sino más argumentos a Trump para denunciar que el Partido estaba en contra suya y seguir mostrándose como el rebelde. Ni que decir que arrasó en los 3 estados.
El comité republicano se dio cuenta que ya era tarde. Solo les quedaba rendirse al empresario, o provocar una auténtica guerra civil. El desgaste que el partido había sufrido era demasiado grande como para seguir apurando las mínimas opciones (cada vez menos democráticas) de ganar a Trump en la convención.
Seguramente siguiendo órdenes del partido, Cruz se retiró el 4 de mayo. Kasich anunció que aún seguía, pero aquella noche debió recibir un par de llamadas pues cambió de opinión al día siguiente.
Así pues, el camino quedó libre para el empresario. Poco a poco, la mayor parte de las vacas sagradas del partido acabaron mostrándole su apoyo público (aunque fuera a regañadientes). Al fin de cuentas, los republicanos llevan 8 años fuera de la Casa Blanca.
Apenas un pequeño sector representado por McCain aún siguen denunciando la vergüenza que les produce que un tipo como Trump lidere el histórico Partido Republicano y que no todo vale para ganar.
Desde entonces, el ya candidato virtual (falta aún la formalidad de ser ratificado en la convención) ha cambiado hacia un tono de amabilidad a su partido, y dirige todos sus chabacanos ataques hacia los demócratas y más concretamente a la que será su rival por la presidencia: Hillary Clinton.
No cabe duda de que estas primarias republicanas han estado bien cargadas y fueron de todo menos habituales. El racismo, el machismo y el mal gusto en general entraron por la puerta grande y se adueñaron de una campaña que, aunque tuvo momentos divertidos y fue emocionante, personalmente creo que hizo retroceder la política estadounidense a niveles calamitosos de ridículo.





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