miércoles, 8 de junio de 2016

Análisis

Primarias demócratas presidenciales de Estados Unidos

Hillary preparó todo para tener un paseo glorioso, pero apareció Sanders


    
    Desde luego, en comparación con el penoso espectáculo dado por los republicanos, las primarias demócratas han sido un camino de rosas. Aquí si se ha hablado de propuestas, no de ataques personales. Los rivales se han mostrado respeto y talante, y la competición ha sido mucho más sana.

    No obstante, no es oro todo lo que reluce. Detrás de la victoria de Hillary y la nominación de la primera mujer como candidata a presidenta en la historia de Estados Unidos se ocultan muchos motivos y politiqueos ocultos que vamos a tratar de desgranar aquí.

    Para entender todo lo que ha ocurrido aquí es necesario retroceder hasta el año 2008. Por aquella época Hillary Clinton se las veía muy felices para ser la candidata presidencial de los demócratas. Apoyada por su marido (entonces el último presidente demócrata) era la gran favorita. Pero entró en escena todo un animal político, el super carismático Barack Obama.

    Contra pronóstico Obama plantó gran batalla dando lugar a las primarias más encarnizadas que se recuerdan en décadas en el partido del asno. Finalmente el senador afroamericano de Illinois le dio la vuelta a las quinielas y logró echar por tierra todas las maniobras de los Clinton.

    Pero tras la derrota, Hillary fue lista. Consciente de que el Partido Demócrata había quedado totalmente dividido, movió sus hilos para formar parte del nuevo gobierno de Obama. Logró ser nada menos que Secretaria de Estado. Así, se convirtió en una de las mayores defensoras de su antiguo archienemigo. 

    Renunció a intentar presentarse en 2012 contra Obama. Ella sabía que su oportunidad sería en 2016. Ahora ya contaba con el apoyo tanto de los "clintonistas" como de los "obamistas". Además, ya nadie podía acusarla de falta de experiencia política como en 2008. Éste era su año.

    En estas condiciones, nadie en el Partido Demócrata parecía atreverse a enfrentarse a Hillary. Era un suicidio. Pero como ya le ocurrió a la mujer de Bill hace 8 años, se encontró de frente a un peculiar rival con el que nadie contaba.

    Se trata de Bernie Sanders. Un hombre de 73 años, destacado izquierdista eternamente a la contra en un país tan políticamente conservador como son los Estados Unidos. Precisamente por eso nunca se había metido en ningún partido político americano y había realizado su larga y exitosa carrera política como alcalde, senador y congresista de Vermont como independiente.

    En el ocaso de su carrera, Sanders vio la oportunidad que se le presentaba de competir directamente contra Hillary Clinton por la presidencia sin más rivales de peso. Se sacó el carnet del Partido Demócrata y presentó su candidatura en el parque municipal de su ciudad de Burlington.

    Nadie daba un duro por Sanders. Luchaba contra todo un partido. Por si fuera poco, la figura de los superdelegados jugaban totalmente en su contra. Para los no iniciados, en los 2 grandes partidos partidos americanos existen un porcentaje de superdelegados, una figura tremendamente antidemocrática que consiste en una serie de personas con derecho a votar en la convención del partido en la que se elige al presidente sin que nadie les haya elegido.

    Paradojicamente, en el Partido Demócrata hay muchos más superdelegados que en el Republicano (719 contra 436). Se trata de figuras relevantes del partido (las "vacas sagradas") que por su propia gracia se auto-otorgan la potestad de votar en la convención. Evidentemente, casi la totalidad de ellos apoyaban a Hillary, y no tuvieron reparos en manifestar su apoyo incluso antes de empezar las primarias.

 
Carrera presidencial demócrata a 10 de febrero. Diferencia de delegados y superdelegados


    Así, Sanders partía en febrero ya con unos 400 delegados de desventaja. En estas condiciones todas las quinielas apuntaban a cuando abandonaría la carrera. Pero empezó a ganar primarias.

 Super Martes, 2 de marzo
 Primarias de Nebraska, 6 de marzo
 Primarias de Carolina del Norte, 16 de marzo


    Su discurso social (ha sido el primer candidato presidencial americano que se atrevió a autodefinirse como "socialista") caló en una población americana. El apoyo popular a Hillary resultó no ser tan grande como se esperaba. Si cuando hablábamos de los republicanos ya decíamos que los americanos están bastantes hartos de la política de siempre y las familias políticas (como los Bush), tres cuartas partes de lo mismo ocurre con los Clinton.

    26 años después de la Guerra Fría, la izquierda ya no está tan socialmente condenada en Estados Unidos y cada vez más gente mira con envidia las ventajas de los estados de bienestar europeos. Sanders representa esta corriente.

    La candidata oficialista tan solo se limitaba a repetir que ella fue parte del legado Obama, mientras que Sanders criticaba duramente a las empresas de Wall Street al tiempo que arremetía contra el Partido Demócrata y la propia Hillary por sus contactos con dichas multinacionales.

    Pero Sanders no es Trump. Es muy difícil batallar contra todo un partido si no eres multimillonario. La campaña de Hillary conseguía llegar a más sitios, a más gente y luego esta diferencia de alcance se reflejaba en las urnas. De cada 3 estados Clinton ganaba en 2. Su inevitable triunfo se hizo cada vez más evidente. Era cuestión de tiempo.

 
Estados ganados por Clinton y Sanders


    Aún así Sanders no daba su brazo a torcer. Hasta que perdiera toda opción matemática no tenía intención de abandonar. Hillary se dio cuenta que el combate contra Sanders no le hacía ningún bien, y en la mayoría de sus discursos comenzó a disparar casi siempre contra Trump. Insistió en que era la única candidata que tenía más votos que él en ambos partidos. 

    Llegó el mes de mayo y el citado Trump se quedó solo en la carrera republicana, mientras que los demócratas aún seguían batallando. Curiosamente las encuestas reflejaban que Sanders obtendría mejores resultados contra el empresario republicano en unas elecciones presidenciales que Hillary. Quizás por eso, Bernie logró varias victorias seguidas en diversos estados como Indiana, Virginia o Oregón. Siguió resistiendo.

    Seguramente nadie pensó que llegaría vivo al último día. Pero así fue. Hubo que esperar hasta el 7 de junio para que Hillary Clinton pudiera anunciarse como la candidata matemática a la presidencia del Partido Demócrata.

    No hay que negarle el mérito de ser la primera mujer en lograrlo. Tampoco el hecho indiscutible de que se ha sabido mover realmente bien dentro de los tejemanejes internos de la política.Se ha reciclado, no le ha importado cambiar de opinión varias veces en un mismo tema y ha aprendido a resultar más agradable de cara al público. 

    Personalmente, creo que Sanders hubiese sido mucho mejor presidente que Hillary y no digamos ya que Trump. Pero a día de hoy aún sigue pareciendo imposible que un político tan de izquierdas llegue a pretender la presidencia norteamericana. Él fue quien más cerca estuvo de lograrlo. Quizás sin los superdelegados otro gallo hubiera cantado.

 Carrera presidencial final, 7 de junio


Firmado: David Rubio

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